Longitudes de onda de la luz visible

Eduard Punset, en una entrevista con Ranulfo Romo, neurobiólogo, tratan el tema de la percepción del color.

A lo largo de la historia, ha evolucionado la capacidad de percepción de los colores. En la antigüedad, no todos los colores tenían nombre. Algunos como el verde y el rojo recibían el mismo nombre. La primera percepción fue lo claro y lo oscuro, lo brillante y lo mate. El gris, el magenta, el marrón o el rosado son producto de nuestra mente, puesto que el color se forma, en realidad, en el cerebro.

En la visión del color, la energía luminosa es absorbida por las proteínas que codifican la longitud de onda. Estas proteínas absorben la energía lumínica, la codifican y luego la transmiten a las neuronas de la retina mediante señales eléctricas, hasta llegar a lo que se conoce como la corteza visual.

Así pues, científicamente hablando, el color es la representación cerebral de ciertas longitudes de onda que llegan a nuestra retina, son codificadas y transmitidas para ser interpretadas por el cerebro. Al igual que otras señales sensoriales, el mundo como lo conocemos lo crea nuestro cerebro. Otros instrumentos sensoriales pueden crear universos muy diferentes.

Muchos se empeñan en decir que los colores no existen. Mi opinión es que existen desde el momento en que son perceptibles. Quizás sean longitudes de onda cuando no existe un observador, pero eso importa poco desde la experiencia humana.

Que la realidad es distinta entre humanos y animales es bien cierto. Existen patologías como la acromatopsia (incapacidad para distinguir los colores, visión en blanco y negro) o el daltonismo (dificultad para distinguir algunos matices, como el verde y el rojo). Los animales tampoco perciben los colores como nosotros: los delfines ven en escala de grises y la mayoría de mamíferos no perciben el rojo, viendo principalmente tonos amarillos y azules.

Así que, aunque se formen en el cerebro, 🌈 ¡los colores existen!

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