27 de agosto de 2015

Gïk, el vino azul

El primer vino azul del mundo

Dos años de investigación y la ayuda de dos organismos de tecnología alimentaria han sido necesarios para que un equipo de seis jóvenes estudiantes de la Universidad del País Vasco cree y comercialice el primer vino azul del mundo.

Gïk, el primer vino azul del mundo
Gïk, el primer vino azul del mundo


Con un sabor más dulce y un característico color azul índigo, definen Gïk como suave y apto para cualquier paladar. Y es que, tal y como afirman sus creadores, el vino azul no se adapta al gusto de expertos catadores ni entendidos del sector, sino al de personas normales. Es dulce y fácil de beber, con un sabor accesible a todos.

Así, mientras todas las variedades de vino existentes se aferran a normas tradicionales sobre cuánto, dónde y con qué comidas beberlos, Gïk carece de reglas. Se bebe en el momento, lugar y situación que apetece.

Elaboración

Respecto a su elaboración, gracias a la flexibilidad que ofrece utilizar un proceso que cambia el color y el sabor, el vino azul se produce y embotella en distintas bodegas y utiliza diferentes tipos de uva, incluso mezclando tintas y blancas, por lo que carece de Denominación de Origen.

Puede comprarse a través de su página web, gik.blue, y está disponible en cuatro formatos diferentes (una, dos, seis o doce botellas) cuyo precio por unidad varía en función de la cantidad elegida.

Sobre el color

Entre los compuestos de pigmentación empleados están la antocianina, un compuesto natural procedente de la piel de la uva, y la indigotina. Ambos son pigmentos orgánicos obtenidos por sintetización.

Esta tecnología ha sido desarrollada por el equipo de I+D de Gïk en colaboración con la Facultad de Ingeniería de la UPV-EHU y empresas del sector de la tecnología agroalimentaria.

Los controles de calidad son rigurosos y todos los elementos utilizados siguen la normativa para productos alimentarios de la Unión Europea.

¿Por qué azul?

En psicología del color, el color azul representa el movimiento, la innovación y el infinito. Es también un color asociado a la fluidez y el cambio.

Cuanto más profundo es el azul, mayor es su capacidad de atracción sobre el hombre; un llamado infinito que gesta en el deseo de espiritualidad y pureza.
V. Kandinski


15 de agosto de 2015

Rojo y verde, señales de colores. Parte I

Damos significado al color

Damos significado a lo que vemos. Interpretamos los estímulos visuales y los transformamos en cosas a las que damos sentido. Una interpretación en la que nuestro sistema cognitivo funciona condicionado por un determinado contexto cultural. También hacemos esto con los colores. Damos significado al color según cómo y dónde se presenta, poniendo en juego nuestro bagaje cultural en esta acción. Es un proceso complejo de identificación de indicios y señales, de interpretación y decodificación.

Semáforos ferroviarios y urbanos.
Semáforos ferroviarios y urbanos.
a) © eldelinux (2009). Creative Commons Reconocimiento 2.0. Publicada originalmente en Flickr. b) © Staro1 (2006). Licencia GFDL 1.2. Publicada originalmente en Wikimedia Commons. c) © Wazouille (2006). Obra bajo dominio público. Publicada originalmente en Wikimedia Commons. d) © Velela (2005). Obra bajo dominio público. Publicada originalmente en Wikimedia Commons. e) © David Gómez (2010). Creative Commons Reconocimiento Compartir Igual 3.0-se

La oposición verde-rojo 

La oposición verde-rojo como sistema de codificación tiene un significado claramente implantado en nuestra sociedad y en todo el mundo. Paso permitido o prohibido, aparato encendido o en stand-by (reposo), polo positivo o negativo, aceptar o cancelar. Cuando un código simbólico está tan asumido por todos tendemos a legitimarlo con interpretaciones que se remiten a argumentos esencialistas.

A menudo se cae, pues, en la tentación de utilizar explicaciones supuestamente genéticas o neurológicas basadas en especulaciones para explicar por qué, como especie, consideramos el verde como positivo y el rojo como peligro o prohibición. Pero, como veremos, la expansión en el uso de esta dualidad tiene una explicación cultural y es el resultado de un determinado itinerario histórico, por otra parte, relativamente reciente.

El semáforo

El referente principal y paradigmático de un sistema de codificación por colores que da paso con el verde y le impide con el rojo es, evidentemente, el semáforo. Del semáforo, que regula la circulación de vehículos y peatones en las ciudades, esta dualidad se expande hacia otros artefactos y sistemas simbólicos. El primer semáforo conocido se instaló en Londres en 1868, concebido por el ingeniero ferroviario JP Knight, en el que el que de día eran rótulos (stop / caution) de noche eran lámparas de gas de color rojo y verde. Berlín tuvo también un semáforo, ya con luz eléctrica pero accionado manualmente, en 1882.

Pero la implantación de los semáforos como reguladores del tránsito se dio durante las primeras dos décadas del siglo XX en ciudades norteamericanas como Salt Lake City (1912), Cleveland (1914), Detroit (1920) o Nueva York (1920). Estos primeros semáforos combinaban en algunos casos los letreros escritos con las luces de color verde y rojo, siguiendo los ejemplos europeos y lo que ya era un código establecido en la circulación ferroviaria. La primera patente de un semáforo norteamericana es de 1910 y en la década siguiente se presentarían múltiples variantes, primero de accionamiento manual y posteriormente automatizados.

B. D. Esham (2007). Publicada originalmente en Wikimedia Commons. Obra bajo dominio público.

La navegación marítima

Pero ¿por qué habían adoptado los trenes el código de la luz verde para indicar el permiso de paso y la luz roja para indicar la prohibición? La explicación nos remite a la navegación marítima. A principios del siglo XIX se adoptó una señalización internacional según la cual los barcos tenían que llevar una placa verde a estribor (derecha) y una placa roja a babor (izquierda). De noche se utilizaban luces de los mismos colores para señalar los lados del barco. La regulación de preferencias de paso que se acordó para evitar embestidas establecía que cuando desde un barco se ve otro que se le acerca por su derecha le debe ceder el paso. El primer barco ve el lado de babor (izquierda) del otro a su derecha, con la luz roja. La luz roja, pues, le indica que debe detenerse. En cambio el otro barco ve la luz verde de estribor del primer barco, que le indica que puede seguir.

De diferenciar, pues, los lados de un barco, el código de colores se consolidó como un sistema que señalaba la posibilidad de pasar o no pasar. Ya desde el siglo XVIII el color rojo señalaba una indicación de peligro o prevención. El sistema europeo de señales de tráfico, que se empezó a definir a partir de 1908, no establecía inicialmente una codificación de colores, pero en su desarrollo y estandarización entre los años treinta y cuarenta acabaría consolidando la identificación del rojo como señal de peligro y prohibición.

Parece, pues, que el significado de esta dualidad verde-rojo es una construcción cultural fruto de un determinado itinerario histórico que podría haber sido otro. Esto no quita que hoy en día, y en el contexto de las señales, el verde significa realmente paso o acceso libre y el rojo prohibición. Tenemos esta asociación tan interiorizada que somos capaces de interpretar rápidamente. Y como sociedad la transmitimos a nuestros niños por medio de las señales mismos puestos en contexto, nuestras acciones y el comportamiento de nuestros aparatos.


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Fuentes
  • (c) Fundació per la UOC. Alba Ferrer, David Gómez, Jordi Alberich 2010. Creative Commons Reconeixement Compartir Igual 3.0-es.
Referencias bibliográficas: