¿Sientes los colores de la misma forma que yo?
En la película Inside Out (conocida en Hispanoamérica como Intensamente y en España como Del revés) de Pixar, cada emoción tiene un color distintivo: la Ira es roja, la Tristeza es azul y el Asco es verde. Esta idea no es solo una invención de Hollywood; está profundamente arraigada en nuestra cultura y lenguaje.
A diario usamos expresiones como la inglesa seeing red (literalmente, "ver rojo"), que evoca nuestra "furia ciega" o el "ponerse rojo de ira"; feeling blue (sentirse triste o melancólico); o green with envy (estar verde de envidia), que ilustran la convicción de que los colores y las emociones están intrínsecamente conectados.
Pero, ¿son estas asociaciones universales y biológicas, una parte fundamental de nuestra naturaleza humana? ¿O son, en realidad, construcciones culturales que aprendemos con el tiempo? Un estudio científico reciente ha investigado esta pregunta, y sus conclusiones son profundamente contraintuitivas.
Las 4 revelaciones sorprendentes de la ciencia sobre colores y emociones
1. El vínculo es sorprendentemente débil y poco fiable
A pesar de la creencia popular, la investigación encontró muy poca evidencia de vínculos fuertes y estables entre colores y emociones. El estudio se centró en medir dos conceptos clave para determinar si estas asociaciones eran reales y consistentes.
- Consistencia: Que la mayoría de las personas estén de acuerdo en qué color representa una emoción específica.
- Especificidad: Que un color se asocie de manera única a una sola emoción, y no a varias.
Los resultados fueron reveladores. En el segundo de los dos estudios realizados, solo dos de las 20 emociones evaluadas mostraron consistencia y solo tres colores mostraron especificidad. Más importante aún, ninguna asociación cumplió ambos criterios a la vez.
As with the first study, no color-emotion pairings were both specific and consistent.
2. Ni siquiera el rojo para la ira es una apuesta segura
La asociación más fuerte en nuestra cultura es, sin duda, la del color rojo con la emoción de la ira. El estudio lo confirmó: en el primer experimento, el rojo fue el color elegido con más frecuencia para representar la ira, un 76% de las veces.
Sin embargo, bajo un análisis estadístico riguroso mediante bootstrapping, esta conexión perdió fuerza. La probabilidad de que el rojo superara de forma fiable a otros colores fue solo del 60%, muy por debajo del umbral científico del 95%.
Esto significa que ni siquiera la asociación más "obvia" logra resistir los estándares exigidos por la ciencia moderna.
3. El contexto lo es todo: Cómo preguntas diferentes crean respuestas diferentes
Otro hallazgo crucial es que las asociaciones entre color y emoción dependen en gran medida del formato del experimento. Las respuestas cambian según cómo se formule la pregunta.
Cuando los participantes podían elegir hasta tres colores por emoción, los resultados diferían notablemente de aquellos en los que solo podían elegir uno. Por ejemplo, el verde solo se volvió específico para los celos en el formato de elección forzada.
Este resultado sugiere que estas asociaciones son flexibles y contextuales, no respuestas automáticas grabadas en nuestro cerebro.
4. Entonces, ¿por qué sentimos que es verdad? Es la cultura, no la biología
Si la evidencia científica es tan débil, ¿por qué estas asociaciones se sienten tan reales? La respuesta se encuentra en la Teoría de la emoción construida, que propone que las emociones se construyen a partir del lenguaje y el conocimiento cultural.
- Metáforas lingüísticas: expresiones como "el monstruo de ojos verdes".
- Refuerzo cultural: películas, libros y series que perpetúan estas asociaciones.
- Convenciones sociales: como el uso del rojo para el peligro o el error.
Without strong evidence for consistency and specificity for emotion-color pairings, why does it feel as if anger is “red” and that envy is “green”? One reason is that our folk psychology—that which comes from our culture and is reinforced by our culture—reinforces these relationships.
Una nueva forma de ver los colores
Las conexiones entre colores y emociones son poderosas y profundamente intuitivas, pero la ciencia sugiere que no son universales ni biológicas, sino construcciones sociales aprendidas a lo largo del tiempo.
No es que estas asociaciones no sean reales para nosotros, sino que su origen está en la cultura, el lenguaje y las historias que compartimos.
Referencias
- Estudio original de: Fugate Jennifer Marie Binzak , Franco Courtny L. What Color Is Your Anger? Assessing Color-Emotion Pairings in English Speakers. Frontiers in Psychology. Volume 10 - 2019. https://www.frontiersin.org/journals/psychology/articles/10.3389/fpsyg.2019.00206

