15 de enero de 2008

Los orígenes del color: La luz del sol

La principal fuente de luz y color natural es el sol. Sabemos que la luz del sol contiene todas las longitudes de onda del espectro visible, y otras radiaciones.

¿Qué ocurre cuando nos exponemos a la luz del sol?


Bombardeo de ondas
En primer lugar, significa someterse a un bombardeo de ondas, de radiaciones electromagnéticas.  Este impacto, con la consiguiente absorción de energías, da lugar a unas reacciones fotoquímicas que provocan, en las moléculas que constituyen las células y los tejidos, determinados efectos.
Imagen 1 (*)
La molécula que absorbe dichas energías sufre una modificación en su estructura. Así pues, la exposición al sol provoca una reacción en los organismos vivos.
Esta reacción puede traducirse como una estimulación metabólica a nivel celular. Algunos investigadores aseguran que el sistema inmunitario queda reforzado por los rayos solares, por lo que el organismo se hace resistente a las enfermedades infecciosas.
Otro efecto derivado de la exposición al sol es la activación de la circulación sanguínea, debido a la transmisión de calor, consecuencia del contacto de las frecuencias más lentas (incluidas las infrarrojas) con la piel.
El sol provoca una serie de reacciones a nivel cutáneo, purificando la piel, regulando la actividad sebácea (expulsión de grasa) y estimulando las glándulas sudovíparas, lo cual también favorece, al mismo tiempo, a la escamación de la piel.
La gama de vibraciones más altas próximas a la luz visible (incluyendo los ultravioletas), provocan acciones antisépticas (desinfectantes) y también antimicrobianas.
Por lo tanto, la exposición a los rayos solares, desde el punto de vista terapéutico es muy positivo para las afecciones cutáneas como los eczemas, acné, etc.

Acción psíquica
En segundo lugar, tenemos que considerar la acción psíquica del sol. Existen estudios de la acción antidepresiva de la luz solar. Pacientes aquejados de depresión estacional ( afección caracterizada por la ausencia de energía, apagamiento, introversión, sin razón aparente, que se presenta en el otoño) han mejorado mediante la exposición a la luz artificial, cubriendo la cantidad de luz existente en primavera.
Imagen 2 (*)
Los cambios de humor también se hacen latentes en los días soleados, con un incremento de la vitalidad y la alegría, y en los días nublados y grises, los cuales suelen coincidir con estados de ánimo tristes y depresivos.
Muchos pacientes aquejados de depresión presentan un ciclo estacional relacionado los estados de ánimo que presentan. En invierno aparecen los síntomas y disminuyen, o desaparecen con la primavera. En primavera existe un evidente incremento de la luz solar, mientras que en invierno, es cuando tenemos menos horas. Es posible que las depresiones estacionales sean una consecuencia de un desequilibrio entre los biorritmos internos y los externos estacionales.
El sol, que resulta necesario para el ser humano, influye también sobre el sistema endocrino, o sea, sobre las glándulas de secreción interna. Muchos pediatras, hoy en día, aconsejan sacar a los recién nacidos al aire libre, en las horas más cálidas del invierno y en las horas menos sofocantes del verano. El estar al aire libre, bajo la luz natural, aporta vitalidad, buen humor, y resulta una excelente terapia contra el estrés y la tristeza. La medicinas naturistas recomiendan los baños de sol, para corregir ciertas disfunciones y para el equilibrio orgánico en general. Existe incluso una terapia especializada en los baños de sol, la helioterapia.
La luz del sol estimula la producción de vitamina D (por la acción de los rayos ultravioletas), cuyas funciones son promover la absorción del calcio y fósforo en el intestino, así como conservar la adecuada mineralización de los huesos.
La piel es la barrera natural de defensa de primera línea. Se encarga de la termorregulación, entre la temperatura interna y la externa, de recoger las sensaciones táctiles, y cualquier otro estímulo o información (energía) que tome contacto que ella (como el dolor, las caricias, la presión fuerte, pinchazos, etc.).
El estrato córneo (de la epidermis, la primera capa de la piel) refleja en parte las radiaciones, y en parte las absorbe y las transmite a la capa subcutánea, donde se hallan las terminaciones nerviosas. El poder de transmisión de la epidermis está regulado por el espesor del estrato corneo (primeras células cutáneas), y la cantidad de melanina sustancia que protege al organismo de las radiaciones solares, gracias al estrato basal, formado de células llamadas melanocitos, en las que mediante órganos diminutos llamados melanosomas, forman dicha sustancia.
La epidermis atacada por las energías medioambientales o lumínicas pone en acción una serie de mecanismos de defensa que funcionan en diferentes momentos. Las reacciones pueden ser precoces o retardadas:
  1. Precoces: acción térmica, acción fotosintética, acción antiséptica.
  2. Retardadas: eritema (quemadura solar, o vasodilatación y enrojecimiento de la piel).
Por último, cabe destacar que debido a la contaminación ambiental entre otros factores, resulta peligroso exponerse a los rayos solares en las horas de mayor intensidad sin tomar las medidas oportunas. Por lo tanto, debemos protegernos principalmente de los rayos ultravioletas mediante cremas protectoras adecuadas a nuestro tipo de piel y el factor de protección necesario.

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