15 de enero de 2008

Los sistemas que mantienen nuestro cuerpo en equilibrio

El sistema nervioso central regula los cambios en la actividad del aparato locomotor, de secreciones glandulares, etc.. El sistema nervioso autónomo se encarga de regular y controlar las funciones internas del cuerpo. Este sistema está dividido en el sistema simpático y parasimpático. El sistema nervioso simpático (S.N.S.) actúa durante la acción y el movimiento. El sistema nervioso parasimpático (S.N.P.) por el contrario, interviene en el reposo y la relajación.

En líneas generales, nuestros órganos internos son regulados por la acción de ambos sistemas actuando como un conjunto. El S.N.S. tiende a estimular los órganos, mientras que el S.N.P. tiende a inhibir la función orgánica. Así pues el equilibrio de las funciones corporales depende de la acción conjunta de ambos sistemas.

Algunos de nuestros órganos están continuamente recibiendo estimulación de ambos sistemas, y el que domina de ambos estímulos es el que determina el efecto.

Así pues, el equilibrio del cuerpo está constantemente regulado por la acción del sistema nervioso autónomo, que a su vez recibe órdenes de una de las partes más importantes de nuestro cerebro: El hipotálamo.

El hipotálamo recibe energía de la luz que penetra por nuestros ojos, coordinando y regulando las funciones vitales y iniciando y dirigiendo nuestras reacciones y adaptaciones a las condiciones externas. En una palabra, regula el estrés. Desde el hipotálamo se envían señales que permiten al resto del cuerpo actuar en consecuencia a la necesidad.

El hipotálamo se compone de dos partes principales. Una se encarga de controlar el S.N.S. y de la estimulación de la producción de hormonas. La otra, se encarga de controlar el S.N.P. y de inhibir la producción de hormonas.

Entre las principales funciones cabe destacar el control del sistema nervioso autónomo, además de regular (directa o indirectamente) la energía, el equilibrio hídrico, regulación cardiaca, actividad y descanso, circulación, apetito y sed, crecimiento y maduración, reproducción, y el equilibrio emocional, o psíquico.

La información recibida por el hipotálamo es usada para controlar las secreciones de la glándula pituitaria (hipófisis), que ésta a su vez dirige el resto de glándulas que forman el sistema endocrino. Estas glándulas regulan el metabolismo físico y psíquico, controlando también, en última instancia, el equilibrio nutritivo de todas las células, ya que estás dependen de las sustancias que circulan por la sangre.

Las sustancias liberadas en la sangre son mensajes que captan las células y descodifican, vía sanguínea, y que por lo tanto afectan a todas y cada una de las partes del cuerpo.

El sistema endocrino lo constituyen las siguientes glándulas: epífisis pineal, hipófisis pituitaria, tiroides, paratiroides, timo, suprarrenales, páncreas y gónadas. La más importante es la pituitaria, a la que se le ha llamado la "glándula maestra", porque controla la mayor parte de la secreción de hormonas en el cuerpo, controlando y midiendo en todo momento el equilibrio y reajuste de éstas, en relación con lo que el cuerpo necesita.

La pituitaria está dividida en dos partes: La pituitaria anterior, que controla la tiroides, corteza adrenal, testículos, ovarios, el crecimiento de los huesos y la posterior, que regula las glándulas mamarias y los riñones. Esta glándula juega un papel decisivo en el correcto funcionamiento del sistema endocrino, aunque por sí misma no puede decidir ni los niveles ni las hormonas adecuadas que son necesarias. Estas decisiones son tomadas por el hipotálamo, y convenientemente enviadas a la pituitaria, directamente conectada con éste.

En definitiva, la luz, los ojos, el hipotálamo, el sistema nervioso y el sistema endocrino, forman el camino por el cual la información exterior (luz) se conecta con cada una de las células.

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